La cúpula del olimpismo mundial aprobó el regreso de Rusia a las justas veraniegas, eliminando las restricciones que obligaban a sus atletas a competir como neutrales.
El Comité Olímpico Internacional, liderado por Kirsty Coventry, abogó por el regreso de Bielorrusia a las competencias, separando el deporte de las decisiones políticas gubernamentales.
Una nueva política del COI determina que las categorías femeninas serán exclusivas para mujeres de origen biológico, utilizando pruebas genéticas para asegurar la equidad competitiva.