El Comité Olímpico Internacional, liderado por Kirsty Coventry, abogó por el regreso de Bielorrusia a las competencias, separando el deporte de las decisiones políticas gubernamentales.
Gracias al pacto de julio en Estambul, se concretó un nuevo intercambio de prisioneros de guerra entre Ucrania y Rusia, lo que permitió el retorno de 185 defensores ucranianos a su país.