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Tómelo con Calma, por Fernando A. Mora Guillén

  • La ONU entre la irrelevancia y la provocación.
  • Opacidad de cuotas abre puerta a financiamiento irregular de campañas.
  • Escuelas sin celular; una decisión a favor de la educación.

En un momento donde el orden mundial surgido de la posguerra está roto, la ONU vive entre dos fuegos: su parálisis estructural, y su uso como tarima de provocación. Lo que se vio hoy en Nueva York lo resume todo. Donald Trump, utilizó la tribuna de la Asamblea General, para advertir que México es el epicentro de la violencia de los cárteles, y que debe quitarles el control del territorio, aunque reconoció avances, y una buena relación con el gobierno mexicano. Minutos después, provocó que la delegación cubana, abandonara la sala al declarar que Cuba “caerá”, en un discurso abiertamente intervencionista, que incluyó amenazas a varios países.

Ese es el dilema del organismo. Por un lado, es el único foro donde todavía pueden sentarse potencias que ya no se hablan, y abordar temas que ningún país resuelve solo: narcotráfico, fentanilo, migración, o inteligencia artificial. Por otro, es un foro sin dientes, con un Consejo de Seguridad paralizado por el veto, y con un presupuesto que depende en un 22% de Estados Unidos. Cuando Trump amenaza con desaparecerlo, o eliminar las cuotas, no es un berrinche, es una palanca para decir: si no controlamos el sistema, no lo pagamos, y preferimos acuerdos bilaterales donde pesamos más.

El episodio de hoy, confirma esa ruta. Trump no fue a la ONU a buscar consenso, fue a marcar línea. Elogió condicionado a México, y ultimátum a Cuba, todo frente a las delegaciones que, les guste o no, tienen que escuchar. La ONU no va a desaparecer, pero su papel está cambiando: ya no será el policía del mundo, sino el escenario donde se escenifica la ruptura del orden. Y en ese escenario, hasta el acto simbólico de una delegación abandonándola sala, vale más que cien resoluciones.

Tómelo con atención.- La opacidad de los partidos sobre sus cuotas de militantes, es el retrato perfecto de su simulación financiera. Mientras PAN y PRI -con todos sus defectos-, al menos transparentan cuánto aportan sus afiliados, y cómo se registra ese ingreso, el resto de las fuerzas políticas, se escuda en el cómodo “no solicitamos aportaciones”. Es una verdad a medias, que ofende la inteligencia: mantienen padrones de millones de militantes, operan estructuras nacionales, y cobran prerrogativas multimillonarias, pero dicen sostenerse sin un peso de sus bases. Si no hay cuotas, ¿entonces quién financia realmente la operación territorial?

Esa renuencia a informar, no es un descuido administrativo, es una estrategia para no abrir la puerta de su financiamiento paralelo. Informar cuotas implica reportar origen, monto, periodicidad, y someterse a la fiscalización del INE, y del SAT. Al negarlas, crean una caja negra perfecta, para justificar ingresos de procedencia incierta, o para ocultar que sus militantes no son militantes, sino beneficiarios de programas, contratistas o clientelas. El partido que no puede decir cuánto le aporta su gente, simplemente no tiene gente, tiene clientes.

Tómelo con interés.- La decisión de los Secretarios de Educación en el Consejo Nacional de Autoridades Educativas, para limitar el uso de celulares en primarias y secundarias, no es una medida moralista, es una medida de salud pública, y de rescate académico. México ya tiene datos contundentes: la OCDE coloca al país, con uno de los niveles más altos de distracción digital en el aula, y los propios resultados de la prueba PISA, muestran una correlación directa entre el uso desmedido de dispositivos, y la caída en comprensión lectora, y matemáticas. No se trata de satanizar la tecnología, sino de entender que un niño de 10 años, no tiene la madurez neurológica, para autorregular notificaciones, TikTok, y WhatsApp, mientras debe aprender a multiplicar.

El acierto de que sea una decisión colegiada de los estados, y no un decreto federal es clave. Homologa un criterio nacional, y le quita el debate ideológico a los padres que ven en la prohibición, un atentado contra la libertad de sus hijos. No se les quita el celular, se les quita en horario de clases, y con resguardo. Países que ya lo hicieron – Francia desde 2018, Inglaterra, y Países Bajos en 2024 – reportan mejoras inmediatas en concentración, convivencia, y una baja drástica en casos de ciberbullying dentro del plantel.

El reto ahora no es la prohibición, sino la implementación. Si solo se guarda el celular en una caja, sin ofrecer una alternativa pedagógica, la medida fracasará. La limitación debe venir acompañada de dos cosas: educación digital real para padres y alumnos, sobre uso responsable, y que los maestros recuperen la autoridad didáctica, con clases más dinámicas, que compitan con la pantalla. Prohibir el celular en el aula, es el primer paso para devolverle a la escuela su función esencial: enseñar a pensar, no a scrollear.

*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.

*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.

*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.

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