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En la mirada de Paula Roca: La enseñanza del mar

Puede que a la gente se le olvida que la vulnerabilidad es parte de nuestro ser. Crecemos con mensajes que nos enseñan que demostrar emociones es un signo de debilidad, que debemos ocultar nuestra esencia cuando un sentimiento nos envuelve y deja al descubierto quiénes somos.
El mar, por ejemplo, tiene su propio ritmo. A veces es un azul intenso con reflejos luminosos; otras se revuelve con la arena. Hay días en los que puedes entrar en un mar tranquilo, y otros en los que las olas y las corrientes te advierten que no es conveniente permanecer dentro.El mar es único, en todas sus facetas y todas me parecen bellas. Su intensidad, sus cambios y sus ritmos también son parte de la vida del planeta.
Así también somos nosotros. Si en ti hay una historia que te ha revolcado o te ha hecho vivir con intensidad, abrázala.
Cada experiencia te llevará a distintas orillas, a distintos momentos. Y quizá te dé miedo llegar a una orilla donde nunca pensaste quedarte. A veces la espuma ciega por un instante cuando rompe en la superficie, pero si aprendes a observar, puede revelarte que ese lugar —inesperado— también puede ser tu destino.
La vulnerabilidad es como las olas. Los momentos de oscuridad pueden sentirse como profundidades inciertas, borrosas y arenosas. Sin embargo, muchas veces es justo cuando tocas fondo que surge un impulso inesperado que te devuelve a la superficie.
Tal vez a una playa desconocida, pero hermosa, mientras lo turbio queda abajo.
Algún día entenderás que cada movimiento —dentro o fuera de ti— llegó por una razón.
Y cuando eso pase, siéntate, respira y mira la puesta del sol. Entonces sabrás que valió la pena atravesarlo todo para regresar ahí… a ese mar profundo que siempre ha vivido dentro de ti.

Paula Roca
Paula Roca

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