- Se pausa el T-MEC; proceso electoral en EU frena negociaciones.
- 2 de octubre con la confianza quebrada en la UNAM y las autoridades.
- La delgada línea entre la difamación y el abuso del poder.
Hasta ahora, las negociaciones de la revisión del T-MEC iban en tres pistas: reglas de origen automotriz, aranceles al acero y aluminio, y el tema de maíz transgénico y energía. México había logrado mantener a salvo el capítulo laboral, y frenar la intención de Estados Unidos, de imponer un mecanismo de revisión anual automática. Canadá, hasta su ruptura, funcionaba como contrapeso, para evitar que Washington impusiera condiciones unilaterales.
Todo ese trabajo entra en pausa obligada. Con las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, la Casa Blanca y el Congreso entran en modo campaña. Ningún legislador va a firmar concesiones a México o Canadá, que puedan ser usadas en su contra como “ser blando” en comercio. La instrucción en Washington es congelar cualquier cierre hasta después del 3 de noviembre, para no pagar costos electorales en estados manufactureros, como Michigan, Ohio, y Pensilvania.
El problema para México es que esa interrupción nos deja en el limbo, 3 meses clave. Sin mesa técnica, quedan vigentes las amenazas arancelarias, y sin un acuerdo que dé certidumbre a las inversiones para 2027. Si además Canadá ya rompió y se fue a negociar minerales y energéticos por su cuenta, México llega a la reanudación en enero solo, sin aliados y con toda la presión de Washington encima.
Tómelo con interés.- Este 2 de octubre no solo se recuerda la masacre del 68, se conmemora en una universidad cuestionada por sus propios estudiantes. La máxima casa de estudios, llega a su aniversario con la confianza quebrada, tras la fallida aplicación del examen de admisión, que dejó a miles de aspirantes en la incertidumbre, con sistemas caídos, sedes sin logística y resultados puestos en duda.
El 68 fue la lucha por el derecho a ser escuchado, y a tener instituciones confiables. Hoy, 57 años después, esa exigencia regresa pero desde adentro. La conmemoración ocurre con paros, con protestas en facultades, y con una comunidad que pide cuentas no al gobierno, sino a su propia rectoría. La memoria del 2 de octubre no se mancha, pero sí obliga a la universidad a mirarse al espejo, y reconstruir lo más básico: la credibilidad de su puerta de entrada.
Tómelo con interés.- Las redes sociales pueden destruir en minutos la carrera de un servidor público honesto, o de cualquier ciudadano. Basta un video editado, un anónimo, o una mentira bien contada, para que la difamación se vuelva sentencia. Por eso la ley protege la honra y el daño moral existe, porque en la era digital, la reputación es tan frágil como un mensaje en X.
Pero muy distinto es cuando el que se dice víctima, no busca limpiar su nombre, sino usar el cargo, a la fiscalía o el juzgado para intimidar, censurar, y borrar, una publicación. Cuando la denuncia no es para encontrar justicia, sino para encontrar al que se atrevió a señalar. Ahí ya no hay difamación, hay abuso de poder, y lo que se pretende ocultar termina confirmándose solo: si hay que amenazar para que borren algo, es porque lo que se publicó probablemente duele por ser verdad.
*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.
*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.
*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.








