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2 de octubre de 1968: una matanza que México no debe olvidar; nada que celebrar

Conmemoramos el 2 de octubre de 1968, fecha que recuerda la represión estudiantil en Tlatelolco y la defensa de los derechos humanos.

CIUDAD DE MÉXICO.- Cada 2 de octubre, México recuerda uno de los episodios más dolorosos de su historia contemporánea: la matanza de Tlatelolco, ocurrida en 1968, cuando integrantes del Ejército y del Batallón Olimpia participaron en un operativo contra una concentración del movimiento estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en la Ciudad de México. Archivo General de la Nación.

La consigna “¡2 de octubre no se olvida!” no es una invitación a celebrar, sino un recordatorio de las víctimas de la represión, de las libertades que fueron vulneradas y de la necesidad de conocer la verdad sobre lo sucedido.

¿Qué ocurrió el 2 de octubre de 1968?

Para comprender el significado de esta fecha es necesario remontarse a julio de 1968, cuando comenzó a crecer un movimiento estudiantil integrado por jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y otras instituciones educativas.

Las protestas surgieron en un contexto de enfrentamientos entre estudiantes y fuerzas policiales, así como de inconformidad ante la represión, el autoritarismo y la falta de libertades democráticas. Con el paso de las semanas, las demandas se extendieron más allá de las aulas y sumaron a profesores, trabajadores y otros sectores de la sociedad.

El movimiento exigía, entre otros puntos, el respeto a las libertades de expresión y reunión, la liberación de presos políticos y el fin de la represión policial.

El Gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz respondió con operativos de las fuerzas de seguridad. El Ejército ocupó instalaciones educativas y se registraron detenciones masivas de estudiantes y profesores.

Tlatelolco, escenario de la tragedia

La tarde del 2 de octubre de 1968, miles de personas se congregaron en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, para participar en un mitin convocado por el Consejo Nacional de Huelga.

La concentración transcurría cuando se produjo una serie de disparos y comenzó un operativo militar y de seguridad. La confusión desató el pánico entre quienes se encontraban en la plaza y sus alrededores.

Las fuerzas desplegadas detuvieron a numerosos asistentes. Además, hubo muertos y heridos, entre ellos estudiantes y civiles que se encontraban en el lugar.

El número exacto de víctimas mortales continúa siendo motivo de discusión histórica. Sin embargo, la magnitud de la violencia y las violaciones a los derechos humanos convirtieron aquellos acontecimientos en una referencia fundamental para comprender la relación entre el Estado y los movimientos sociales en México. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha documentado estos hechos como una grave violación de derechos humanos.

¿Por qué se conmemora y no se celebra?

La diferencia es fundamental: una celebración suele asociarse con un acontecimiento festivo, mientras que una conmemoración permite recordar un hecho histórico, reconocer a sus víctimas y reflexionar sobre sus consecuencias.

El 2 de octubre es una fecha de memoria y duelo para miles de familias y para quienes defienden las libertades democráticas. También representa una exigencia de verdad y justicia frente a los abusos cometidos por el poder público.

Por eso, cuando se escucha la frase “2 de octubre no se olvida”, el mensaje no consiste en festejar la violencia, sino en impedir que las víctimas desaparezcan también de la memoria colectiva.

La protesta no justifica los actos vandálicos

Cada año, las movilizaciones del 2 de octubre reúnen a estudiantes, organizaciones sociales, colectivos y ciudadanos que reivindican el legado del movimiento de 1968.

Sin embargo, el significado histórico de la fecha no debe confundirse con los actos de violencia o vandalismo que algunas personas puedan cometer durante las manifestaciones.

Romper mobiliario urbano, dañar comercios, destruir bienes públicos o agredir a otras personas no constituye un homenaje a quienes perdieron la vida en Tlatelolco. Tampoco contribuye, por sí mismo, a esclarecer los hechos de 1968 ni a defender los derechos que reclamaban los estudiantes de aquella época.

El derecho a manifestarse y expresar inconformidades es fundamental en una sociedad democrática. Ese derecho puede ejercerse mediante marchas, consignas, actos culturales y expresiones pacíficas, sin que las agresiones o los daños a terceros se conviertan en protagonistas de la jornada.

Recordar la represión de 1968 también implica reconocer el valor de las libertades que fueron negadas a aquella generación.

Una fecha para conocer la historia y evitar el olvido

A 58 años de la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre sigue siendo una oportunidad para que las nuevas generaciones conozcan lo sucedido, consulten los archivos históricos y comprendan por qué miles de personas continúan saliendo a las calles para recordar a las víctimas.

El Archivo General de la Nación conserva documentos relacionados con el movimiento estudiantil y los acontecimientos de 1968, materiales que contribuyen a reconstruir los hechos y a estudiar la actuación de las autoridades de aquella época.

La memoria histórica no consiste únicamente en repetir una consigna cada año. También exige conocer el pasado, distinguir los hechos de las versiones sin sustento y reflexionar sobre las consecuencias de la represión y la intolerancia.

El 2 de octubre no es una fiesta ni una fecha para glorificar la violencia. Es el recuerdo de una tragedia que marcó a México y una advertencia sobre lo que ocurre cuando se reprimen las libertades. Honrar a las víctimas significa preservar su memoria, defender los derechos humanos y exigir que hechos como los de Tlatelolco no vuelvan a repetirse.

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