- El Derecho de la audiencias llega tarde y con poca claridad.
- La Policía peor evaluada.
- El examen de la desconfianza
El anuncio de la Presidenta Claudia Sheinbaum, de presentar lineamientos para los derechos de las audiencias era necesario, y llega con años de retraso. Nadie puede estar en contra de fortalecer el derecho de los mexicanos, a recibir contenidos veraces, plurales, y que distingan con claridad información de opinión, sobre todo en un ecosistema saturado de desinformación. En el principio, todos estamos de acuerdo.
El problema no está en el qué, sino en el cómo. Los lineamientos que se presentaron, contienen graves vacíos legales, que lejos de dar certeza, complican el marco para radio y televisión. No queda claro quién sanciona, con qué criterios se mide la vulneración de un derecho, tan subjetivo, ni dónde termina el derecho de la audiencia, y dónde empieza la censura al comunicador. Dejar conceptos abiertos en una materia tan sensible, es abrirle la puerta a la discrecionalidad y a la interpretación política.
Y ese es el riesgo. Si la norma para proteger a la audiencia no tiene candados legales claros, puede convertirse en un instrumento de presión para el concesionario. Proteger a la audiencia sí, pero con reglas claras, con un regulador autónomo, y no con lineamientos que parecen escritos con buena intención pero sin técnica jurídica. Porque el derecho de las audiencias no se defiende debilitando la libertad de expresión.
Tómelo con atención .- El dato más peligroso de la ENSU no es cuántos se sienten inseguros. Es en quién no confían.
La policía de la Ciudad de México, la más cercana a la gente, es la peor evaluada. Por debajo de Marina, Ejército, y Guardia Nacional. Menos de la mitad de los capitalinos la considera efectiva.
Y aquí no es un problema de culpar al policía. Como dice Chertorivski, la mayoría son mujeres, y hombres, que hacen turnos extenuantes, viven en el Estado de México, viajan 3 horas para llegar a trabajar, y ganan un sueldo que no corresponde al riesgo.
El problema no es el policía, es el sistema que lo dejó de profesionalizar, de cuidar y de dignificar.
No puedes pedir que cuiden a la ciudad si no proteges a quienes la cuidan. Ninguna ciudad puede ser segura si su primera línea de defensa, es en la que menos confía su gente.
La CDMX necesita lo que no se ha querido hacer: una policía unificada, de proximidad, profesional, y con condiciones dignas. Sin eso, cualquier estrategia de seguridad es maquillaje.
Tómelo con interés.- La Universidad Nacional, acertó en el qué, pero se equivocó en el cómo y en el cuándo. Aplicar un examen presencial de verificación, cuando existen variaciones atípicas en los resultados, está previsto en el reglamento, y en la propia convocatoria. Es una medida legal y legítima, para proteger la equidad del concurso. El problema es que los jóvenes no leen reglamentos, leen señales; y la señal que recibieron fue que su esfuerzo, está bajo sospecha.
Más allá de la legalidad, hay una dimensión humana y de legitimidad. Miles de aspirantes que estudiaron durante meses, hoy se sienten agraviados y decepcionados, no porque se les pida confirmar su conocimiento, sino porque se les colocó, sin matices, en el banquillo de los tramposos. Cuando la institución que es el máximo referente de movilidad social, parece decirles “no te creo”, el daño es vocacional. Y anunciar por la tarde la destitución de la Secretaria General , no cierra la crisis, la confirma: les dice a los jóvenes que algo sí se hizo mal adentro.
El riesgo mayor no es el ruido de esta semana, es el prestigio de la UNAM, a largo plazo. Cada proceso de admisión es un contrato de confianza entre la Universidad, y la sociedad. Si esa confianza se fisura, la sospecha se queda instalada para los próximos años. La UNAM tenía que defender la limpieza del proceso, pero también tenía que defender el honor de sus aspirantes. Hizo lo primero con torpeza, y lo segundo no lo hizo.
Twitter: @Fernando MoraG
Facebook: Fernando Antonio Mora
*Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.
*Socio Fundador del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo.
*Presidente de la Fundación Fernando Mora Gómez por la Libertad de Expresión.








