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La fragilidad del empleo formal en México frena la compra de vivienda

La rotación en el empleo formal en México impide acumular ahorro suficiente en el Infonavit para comprar una vivienda propia.

Conseguir un empleo formal en México ya no resulta suficiente para acercarse a la compra de una vivienda propia. Durante varios años, el mercado laboral mexicano se evaluó principalmente por la cantidad de puestos creados cada mes. No obstante, un reciente estudio del Infonavit plantea que millones de trabajadores sí logran incorporarse a la formalidad, aunque permanecen en ella tan poco tiempo que nunca alcanzan a construir un patrimonio sólido.

El análisis examinó los datos de 68.2 millones de trabajadores en el país entre 2006 y 2025, periodo en el que se registraron 258.4 millones de relaciones laborales. Sorprendentemente, uno de cada cuatro empleos (25.1%) duró únicamente dos meses. Además, 7 de cada 10 colaboradores (70.2%) fueron despedidos o renunciaron antes de cumplir un año de servicio. Por lo tanto, esta alta rotación desmiente el mito que asociaba la formalidad con la estabilidad, afectando gravemente el acceso a la salud y a la vivienda.

La intermitencia en el empleo formal en México y el ahorro

Esta inestabilidad constante explica por qué tener casa propia sigue siendo una meta lejana. “Uno piensa que el empleo formal es muy estable. Lo que pasa en la práctica es que la gente entra y sale de la formalidad de manera intermitente”, explica Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). “Eso afecta las pensiones y afecta la capacidad de compra de vivienda”, añade.

Efectivamente, cada trabajador acumula recursos en su subcuenta gracias a las aportaciones patronales. Sin embargo, si deja de cotizar al perder su puesto o pasar a la informalidad, ese fondo detiene su crecimiento de inmediato. En consecuencia, también se reducen las semanas cotizadas necesarias para calificar a un crédito hipotecario o una pensión digna.

Ahorros insuficientes para el enganche de una casa

Los datos del Infonavit muestran que entre los trabajadores de 30 a 34 años activos en el empleo formal en México, el saldo promedio de la subcuenta de vivienda alcanza 50,260 pesos. En contraste, quienes dejaron de cotizar apenas registran 14,600 pesos. Por su parte, Banorte señala que el valor promedio nacional de una vivienda es de 31,911 pesos por metro cuadrado, de modo que un departamento de 60 metros cuadrados cuesta cerca de 1.9 millones de pesos, elevándose a 3.5 millones en la Ciudad de México.

Asumiendo un enganche del 10%, se requerirían unos 191,000 pesos a nivel nacional y casi 350,000 pesos en la capital. Por consiguiente, estos montos superan por mucho los ahorros reales acumulados. En el primer caso, los 50,260 pesos cubrirían apenas una cuarta parte del enganche nacional y solo el 14% del exigido en la capital del país.

Por otro lado, el Reporte Anual de Vivienda 2025 señala que en siete de cada diez ciudades las viviendas nuevas más económicas costaron menos de 650,000 pesos. Frente a una casa de 600,000 pesos, los 50,260 pesos de un trabajador activo representan únicamente el 8.4% del precio, mientras que los 14,600 pesos de quien salió de la formalidad cubren un escaso 2.4%. Asimismo, el instituto calcula que los trabajadores con menores ingresos necesitan reunir al menos 619,600 pesos para acceder a este segmento.

Brecha social y la baja movilidad laboral

El estudio evidencia que los trabajadores con menores ingresos pasan más tiempo fuera del sector formal. Una tercera parte de quienes ganan menos cotizó durante menos de la mitad de su vida laboral. Por el contrario, dos terceras partes de los empleados con mayores ingresos mantuvieron su empleo formal en México durante más de 80% de su trayectoria.

Por esta razón, la baja movilidad social continúa afectando al país. El CEEY ha documentado que siete de cada diez mexicanos que nacen en hogares pobres permanecen en esa condición al crecer. En parte, esto ocurre porque nunca obtienen un empleo formal o no lo conservan el tiempo suficiente para consolidar prestaciones básicas.

Incluso, la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025 muestra que, aunque muchos sienten superar a sus padres en educación, únicamente el 37.3% cree haber alcanzado un patrimonio mayor. Por ende, este indicador resulta ser el más bajo en materia de avance socioeconómico.

Desafíos estructurales del mercado de trabajo

Finalmente, solucionar esta crisis requiere transformaciones desde la raíz. Por un lado, el país debe romper las desventajas de origen en las zonas vulnerables. Por otro lado, la economía no genera suficientes puestos formales; entre 1998 y 2025 se sumaron 1.7 millones de personas al año a la fuerza laboral, pero la formalidad solo creció en 470,000 plazas anuales.

Además, el tamaño de las empresas determina la estabilidad personal. Las grandes compañías urbanas pagan mejor y retienen más al personal, mientras que las microempresas sufren alta fragilidad. Del mismo modo, existen marcadas brechas regionales entre el sur y el centro del país que frenan el desarrollo equitativo.

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