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El INAH entra en quiebra técnica por la falta de recursos

El arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer denuncia que el abandono presupuestal imposibilita la vigilancia y preservación de los monumentos históricos de México. El recorte del 31 por ciento en los fondos institucionales compromete la integridad de las zonas arqueológicas y la operatividad de los investigadores en todo el país.

Por Agenda QR. El reciente incidente en la pirámide de la Luna en Teotihuacán no representa un hecho aislado, sino la manifestación visible de un colapso sistémico. Fernando Cortés de Brasdefer, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), advierte que la institución ha entrado en una fase de quiebra técnica. La ausencia de personal capacitado y la falta de presupuesto para vigilancia son las causas directas de la vulnerabilidad que hoy enfrentan los museos y zonas arqueológicas más importantes de la nación.

El desvío de la riqueza cultural generó quiebra técnica

El presupuesto asignado para este año asciende apenas a 551 millones de pesos, una cifra significativamente menor a la del ejercicio anterior. Este estrangulamiento financiero ocurre en un contexto de contradicción: mientras los costos de acceso para los turistas se han incrementado, el INAH no recibe de vuelta los recursos generados. La Secretaría de Hacienda absorbe la derrama económica, dejando al instituto sin fondos para sus actividades sustantivas de protección, conservación y difusión del patrimonio cultural.

Cortés de Brasdefer señala que el problema no es solo la escasez de dinero, sino la inoperancia administrativa. La institución, que se encamina a sus 90 años de existencia, padece lo que el investigador califica como un “Alzheimer institucional”. El control del organismo ha pasado de manos técnicas y científicas a una estructura burocrática de personal de confianza que no comprende las necesidades del campo.

Condiciones críticas para la investigación

La crisis se extiende al personal operativo. En estados como Quintana Roo, los restauradores y arqueólogos deben costear sus propios viáticos y alimentación para poder trabajar. El impago de servicios básicos y la falta de vehículos han detenido proyectos de mantenimiento esenciales. Esta situación pone en riesgo no solo las piedras de las zonas arqueológicas, sino también obras de arte y edificios coloniales en ciudades como Guanajuato, Mérida y Puebla.

La denuncia de Cortés de Brasdefer subraya que el patrimonio histórico de México es un “museo a cielo abierto” que está siendo desatendido. La falta de inversión en las áreas sustantivas ha provocado que edificios históricos presenten un deterioro avanzado. Sin herramientas mínimas para el desempeño de su labor, los investigadores se encuentran atados de manos ante el desmoronamiento de los testimonios físicos de la historia mexicana.

Un llamado a la intervención ejecutiva ante la quiebra técnica

Para el sector académico, la “Cuarta Transformación” no ha llegado al INAH. El arqueólogo enfatiza que solo una intervención directa de la Presidencia de la República puede salvar a la institución del desmantelamiento total. La inoperancia de ciertos funcionarios y la falta de interés político por la cultura amenazan con borrar décadas de esfuerzos en investigación y resguardo.

El rescate del INAH es urgente para evitar que México pierda su capacidad de proteger su memoria histórica. El país no puede permitirse que su guardián cultural desaparezca por una gestión financiera que prioriza la recaudación sobre la preservación. La salvaguarda de estos sitios es una responsabilidad del Estado que hoy se encuentra en un punto de no retorno.

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