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El pueblo venezolano celebra y sus mandos enfrentan una fractura interna tras la captura de Maduro

Venezuela se divide entre la euforia del exilio y el temor interno. Mandos militares fracturados deciden el futuro del país tras la captura de Maduro.

Mientras el exilio celebra, en Caracas impera el miedo a una escalada bélica y los mandos militares se debaten entre la lealtad al régimen y la cooperación con Washington.

Por Agenda QR.- La captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, ha dejado al pueblo venezolano en un estado de parálisis social y militar. Más allá del anuncio estratégico de la Casa Blanca, la realidad en las calles de Caracas y en los cuarteles refleja una nación profundamente fracturada. Mientras sectores del ejército comienzan a alinearse con la administración temporal estadounidense para evitar un conflicto mayor, la población civil se debate entre la esperanza del cambio y el terror a un vacío de poder que desemboque en una guerra civil.

Mandos militares: Entre la disidencia y la “Southern Spear”

El éxito de la operación estadounidense no solo fue tecnológico; se basó en una erosión interna de las fuerzas armadas venezolanas. Según informes del Departamento de Defensa de EE. UU., la denominada “Operación Southern Spear” contó con la anuencia de mandos militares que, bajo un tratado de cooperación firmado en mayo de 2025, facilitaron el ingreso de las fuerzas especiales. No obstante, la estructura de mando no es homogénea. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, al frente de lo que queda del Ejecutivo, mantiene el control de núcleos de las Fuerzas Armadas Bolivarianas que califican la captura como una desaparición forzada. La incertidumbre sobre quién ostenta el mando real en las zonas rurales y los puestos fronterizos mantiene al país en un estado de alerta máxima.

La dualidad del pueblo venezolano: Euforia en Florida y pánico en Caracas

La brecha entre la diáspora y quienes permanecen en el país nunca ha sido tan evidente. En Miami, miles de venezolanos han tomado las calles en un festejo histórico, interpretando la caída de Maduro como el fin de décadas de represión. Sin embargo, en el territorio venezolano, la atmósfera es sombría. La población, ya castigada por años de hiperinflación y carestía, recibió la noticia en medio de apagones masivos y el estruendo de explosiones tácticas. En el centro de Caracas, grupos de apoyo al régimen han salido a protestar exigiendo la liberación del mandatario, mientras que la mayoría de los ciudadanos opta por el resguardo domiciliario, temiendo que la “transición juiciosa” prometida por Donald Trump se traduzca en una ocupación militar prolongada.

Impacto en la infraestructura y la supervivencia diaria

La situación operativa del país se ha agravado tras los operativos. Los reportes de fallas eléctricas y la interrupción de servicios de comunicación han dificultado la verificación de información, alimentando el pánico colectivo. Organizaciones de derechos humanos advierten sobre el riesgo de detenciones arbitrarias y represalias por parte de grupos armados paraestatales. Para el venezolano común, la prioridad sigue siendo la supervivencia: en medio de la crisis política más grave del siglo, la preocupación inmediata no es solo quién gobernará, sino cómo se garantizará el suministro de alimentos y medicinas en una nación donde el control de la estatal PDVSA ha pasado de manos de Miraflores a las de Washington.

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