La campaña de Trump contra la prensa se intensifica. Tras la muerte de Charlie Kirk, el presidente celebra despidos y amenaza a medios.
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El movimiento conservador en Estados Unidos siempre se enorgulleció de defender la libertad de expresión. Sin embargo, con el segundo mandato de Donald Trump, esa postura parece haber cambiado. El presidente y su círculo han intensificado sus ataques a los medios de comunicación y a la libertad de expresión, un comportamiento que se disparó tras el asesinato del líder juvenil republicano, Charlie Kirk. Trump y su vicepresidente, J. D. Vance, culpan a la “izquierda radical” del crimen y prometen que “pagarán por ello”.
Una tragedia de Charlie Kirk
Kirk murió de un balazo en el cuello mientras ejercía su derecho a la libre expresión en una universidad. Algunos sectores de la izquierda celebraron o justificaron el crimen, lo que impulsó a líderes del movimiento MAGA a adoptar su propia versión de la cultura de la cancelación. Ellos señalaron públicamente a quienes se alegraron por la muerte de Kirk, animando a sus empleadores a despedirlos. La víctima más visible de este giro fue el comediante Jimmy Kimmel. Su programa nocturno fue suspendido “indefinidamente” por la cadena ABC después de que Kimmel hiciera un chiste sobre el presunto asesino de Kirk, un joven republicano mormón. El funcionario de la Administración Trump, Brendan Carr, presidente del regulador de las comunicaciones (FCC), sugirió a ABC que debía despedir al presentador y advirtió que el gobierno tomaría cartas en el asunto si no lo hacía. Unas horas después, ABC consumó la suspensión.
Trump contra la prensa y la amenaza a las cadenas
De vuelta de una visita de Estado, Trump dijo a reporteros en el avión presidencial que él cree que la FCC debe revocar las licencias de las cadenas cuyos presentadores hablen negativamente de él. La noche anterior, celebró el fin de Kimmel en su red social, Truth, calificándolo de “grandes noticias para Estados Unidos”. Él ya había festejado el fin del contrato de Stephen Colbert en CBS y vaticinó que otros presentadores, como Seth Meyers y Jimmy Fallon, correrían la misma suerte.
La batalla legal y las voces críticas
La suspensión de Kimmel llega en la misma semana en que Trump demandó a The New York Times por difamación y libelo, pidiendo 15,000 millones de dólares. Además, ha demandado a otros medios como The Wall Street Journal y a una agencia de noticias, y ha buscado asfixiar financieramente a la radio y televisión públicas. La abogada Katie Fallow, experta en libertad de expresión de la Universidad de Columbia, consideró que la suspensión de Kimmel tras la amenaza de Carr es “el ejemplo más grave y reciente de un ataque sostenido a la Primera Enmienda por parte de la Administración de Trump”.
Las críticas también llegan desde la derecha. En un raro caso de coincidencia con el expresidente Barack Obama, el líder de opinión MAGA, Tucker Carlson, acusó a Trump de usar el asesinato de Kirk para pisotear la Primera Enmienda. Carlson animó a la “desobediencia civil” si el gobierno continúa con su plan de perseguir lo que considera “discursos de odio”, una categoría que, según Fallow, se define legalmente de manera muy estricta y está protegida para salvaguardar la libertad de expresión.
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