Por: Agenda QR
En un panorama que enciende las alarmas de salud pública en el paraíso caribeño, Quintana Roo enfrenta una crisis diabética sin precedentes, con proyecciones que sugieren que el 10.6% de su población podría estar afectada por esta enfermedad para finales de 2024, mientras que el año anterior ya registraba un preocupante 7.4% de casos diagnosticados.
La situación es particularmente alarmante en el municipio de Benito Juárez, donde los consultorios municipales reportan que, de cada 30 pacientes atendidos, cuatro presentan intolerancia a la glucosa. El doctor Héctor González Rodríguez, director de Salud municipal, quien parece estar más ocupado midiendo azúcar que disfrutando del dulce de coco local, señala que realizan tamizajes básicos para detectar desórdenes metabólicos.
Lo que verdaderamente pone los pelos de punta es el dramático incremento de diabetes tipo II entre la población infantil y adolescente. El año pasado, más de cinco mil nuevos casos fueron diagnosticados, estableciendo un récord histórico que ni siquiera los récords turísticos del estado quisieran alcanzar. A nivel nacional, el panorama no es más dulce: el 37.5% de los menores de 17 años viven con esta condición, un incremento del 14% respecto al año anterior.
Como parte de las acciones de concientización, los Servicios Estatales de Salud han iluminado edificios gubernamentales en azul del 11 al 15 de noviembre (aunque el azul que queremos ver es el del mar, no el de esta campaña). La iniciativa forma parte del Día Mundial de la Diabetes, que este año lleva el lema “Rompiendo barreras, cerrando brechas”, aunque las únicas brechas que parecen crecer son las estadísticas de nuevos casos.
Las proyecciones globales pintan un futuro agridulce: para 2045, se estima que 783 millones de personas vivirán con diabetes en todo el mundo. Mientras tanto, en Quintana Roo, la enfermedad sigue acortando vidas entre seis y ocho años, causando complicaciones graves como ceguera, insuficiencia renal y enfermedades cardiovasculares, recordándonos que esta epidemia silenciosa requiere atención inmediata y acciones concretas.









