La salida anticipada del fiscal revive sospechas, revela tensiones internas y deja preguntas que nadie en el poder quiere contestar.
“¿Usted qué haría en mi lugar? ¿Cree que es sencillo estar en esta silla?”.
La pregunta —más bien regaño— me la lanzó el doctor Alejandro Gertz Manero en 1999, cuando era secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Yo era reportero y él enfrentaba una de esas crisis que desnuda a cualquier gobierno: la rebelión de la Policía Auxiliar, cuyos elementos denunciaban el robo de sus ahorros por parte de su sindicato.
Gertz Manero estaba furioso. Las protestas colapsaban calles, cerraban el Viaducto y paralizaban la Ciudad de México. Lo vi descender de un helicóptero en Obrero Mundial, ordenando a los medios retirarnos porque, según él, “era un asunto entre sus policías y él”. Ese episodio dejó claro lo que con los años se confirmaría: estaba frente a uno de los funcionarios más astutos, incómodos y escurridizos para un periodista.
Su carrera siempre ha estado marcada por giros abruptos. Tras su paso por la capital, y con la llegada en el 2000 a la presidencia de México del panista Vicente Fox, Alejandro Gertz Manero se convirtió en el primer secretario de Seguridad Pública federal. Pero en 2004, con 65 años, anunció su “retiro” para volver a la academia. Parecía un adiós definitivo, pero no lo fue.
En 2019, ya con Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la República, el doctor Alejandro Gertz Manero regresó por la puerta grande: como encargado de despacho de la naciente Fiscalía General de la República. Meses después fue ratificado como fiscal. Su encargo debía extenderse hasta 2028.
No llegará a esa fecha.
Gertz Manero presentó su renuncia dos años antes de tiempo. En la carta enviada a la presidenta de la mesa directiva del Senado de la República habló de irse a “otro frente” a servir a México, recibió la invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum para convertirse en el encargado de la embajada de México en Alemania.
Pero en los pasillos de la FGR, de Palacio Nacional y dentro de Morena se habla de todo, menos de una salida voluntaria.
La cúpula del partido y del nuevo gobierno estaba molesta. Muy molesta.
Porque la FGR bajo su mando comenzó a investigar a personajes que jamás imaginaron ver su nombre en una carpeta. Y no se trataba de rivales políticos, sino de figuras cercanas al propio poder.
Tres casos en particular irritaron al oficialismo:
1. El huachicol fiscal dentro de la Marina
Una investigación explosiva contra altos mandos navales —almirantes, vicealmirantes, capitanes— e incluso familiares del entonces secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán. Un expediente que, de confirmarse, cimbraría a una de las instituciones más intocables del país.
2. Hernán Bermúdez Requena, el poderoso de Tabasco
Secretario de Seguridad Pública de Tabasco, pieza clave de Adán Augusto López. Su nombre apareció en averiguaciones. Nada ha avanzado, pero la sola mención incomodó al grupo político más influyente del sureste.
3. Raúl Rocha, el empresario que encendió alarmas
Dueño del 50 % de Miss Universo y señalado por la FGR como presunto narcotraficante, traficante de armas y operador de huachicol entre Guatemala y México. El expediente —que se filtró a reporteros— reveló su acuerdo para convertirse en testigo protegido.
En esa red criminal, otra vez, muchos caminos conducían a Tabasco.
Dicen dentro y fuera de la Fiscalía que este caso fue la gota que derramó el vaso.
En estos últimos tres casos los expedientes fueron filtrados desde el interior de la Fiscalía General de la República, muchos periodistas logramos conocer detalles precisos de la investigación, las redes de complicidad y los nombres de los involucrados.
Antes de salir de la FGR, Alejandro Gertz Manero hizo los movimientos necesarios para dejar la dependencia en manos de una de las mujeres de mayor confianza para la presidenta Claudia Sheinbaum: Ernestina Godoy, hoy exconsejera jurídica de la Presidencia y exfiscal de la Ciudad de México.
Pero con ella llega también un silencio incómodo:
¿Qué pasará con los expedientes que Gertz Manero deja abiertos?
¿Odebrecht?
¿Ayotzinapa?
¿Las narcofosas de Teuchitlán?
¿Los presuntos beneficios a empresarios cercanos a los hijos del expresidente López Obrador?
¿El huachicol fiscal?
¿Los casos de Tabasco?
¿Los mandos de Marina?
¿Avanzarán o serán congelados?
La trayectoria del doctor Alejandro Gertz Manero nunca ha sido lineal. Siempre ha estado rodeada de silencios largos, decisiones abruptas y movimientos estratégicos.
Hoy queda una última pregunta, quizá la más importante:
Sobre los expedientes que en su momento sacudieron a la cúpula en el poder, a la llamada Cuarta Transformación, se sabrá el nombre de los verdaderos culpables y se les aplicará la ley ? Tiempo al tiempo.










