Los gobernadores de la oposición en México se desmarcan de sus líderes nacionales y se alinean con la presidenta Claudia Sheinbaum
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Mientras el ambiente político nacional se carga de confrontación, los gobernadores de la oposición en los estados actúan de forma pragmática, desmarcándose de sus líderes nacionales para alinearse con la presidenta Claudia Sheinbaum. Un claro ejemplo de esta postura es el gobernador priista de Durango, Esteban Villegas, quien durante la visita de la presidenta a su estado no dudó en declararse “claudista”. Esta declaración, que podría parecer de un morenista, demuestra la fractura entre los gobernadores del PRI y la dirigencia nacional de su partido, encabezada por Alejandro “Alito” Moreno.
De manera similar, el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, también del PRI, extendió una cálida bienvenida a la mandataria, asegurando que ella encontraría en su estado un gran aliado. Este tipo de mensajes rebotan directamente hacia Alito Moreno, quien mantiene un tono confrontacional con el gobierno federal. Según los analistas, este desmarque es un claro mensaje contra la enorme concentración de poder de la dirigencia del PRI y es una de las consecuencias de la disputa reciente entre Moreno y el político Gerardo Fernández Noroña. La propia presidenta ha ironizado sobre esta situación, destacando la buena relación que mantiene con otros gobernadores de partidos opositores como Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro.
Las razones detrás del pragmatismo político
Los gobernadores de la oposición tienen razones de peso para evitar un enfrentamiento con el gobierno federal. El control político que la federación ejerce sobre los estados, principalmente a través del financiamiento y el tema de la seguridad, es una de las motivaciones principales. La distribución de los presupuestos para los programas sociales, por ejemplo, representa una fuente de popularidad para los dirigentes locales. En materia de seguridad, los gobernadores buscan la protección del ejecutivo federal, especialmente ante la atenta mirada de su vecino del norte.
La amenaza de perder la visa estadounidense, como sucedió con la exgobernadora de Baja California, crea un fuerte incentivo para que los gobernadores se alineen con las políticas del gobierno federal, que se ha tomado muy en serio la lucha contra el narcotráfico. Además, los expertos coinciden en que los gobernadores están más preocupados por su política interna que por los conflictos de sus partidos. En este sentido, la flexibilidad del PRI permite que los gobernadores mantengan posturas distintas a las de su líder nacional, sobre todo cuando han logrado mantenerse en el poder a pesar del avance del partido oficial.
El silencio de Alito Moreno y las elecciones de 2027
A pesar de los claros mensajes de sus gobernadores, el líder priista ha guardado silencio público. Sin embargo, su rutina de confrontación continúa, ya que recientemente se reunió con la presidenta de Perú, Dina Boluarte, un encuentro que contrasta con el apoyo de Sheinbaum al expresidente peruano Pedro Castillo. Para la presidenta mexicana, los halagos de los gobernadores también resultan un bálsamo en medio de las acusaciones que enfrenta su propio partido. Mientras Morena lucha por recuperar su reputación, la figura presidencial se alza como una fuente de consenso.
Estos movimientos de los gobernadores pueden interpretarse como una jugada en el ajedrez político con miras a las elecciones de 2027. Los gobernadores buscan capitalizar los altos niveles de aceptación de la presidenta, que incluso superan a los que tuvo Andrés Manuel López Obrador en su momento. Como señaló el gobernador de Durango, declararse “claudista” no es un gesto menor, ya que está pensando en la próxima elección de su estado. El mensaje es claro: cada quien está haciendo sus propias cuentas y buscando la mejor estrategia para su futuro político.
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