Con el paso de los años me he dado cuenta de lo que realmente es la química: cuándo alguien te atrae, cuándo algo simplemente tiene que pasar. A veces las personas llegan a tu vida para enseñarte algo y luego se van. Cumples con ese aprendizaje, atraviesas el duelo —que duele— y sigues.
Pero una cosa es coincidir y otra muy distinta es conectar. Cuando existe un verdadero clic del alma, pueden suceder muchas situaciones que desde afuera se juzgan mal. Habrá quien te vea como permisiva, confundida, o piense que no estás haciendo lo correcto. Te hablarán de amor propio, de límites, de lo que “deberías” hacer.
Sin embargo, solo tú sabes cuándo ocurre ese clic profundo, ese punto en el que conectas de tal manera que te cuesta distinguir si tú eres la persona indicada para alguien… o si esa persona lo es para ti.
Por eso, como dice Susanna Tamaro en su libro “Donde el corazón te lleve”, hay que aprender a escuchar al corazón. No a las voces externas, no a la opinión ajena, sino a esa melodía interna, esa canción única que solo tú puedes oír. Esa es la que define el clic del alma.
Escucha tu voz interior y deja de atender la paja que viene de afuera. Solo tú sabes lo que tu alma desea, dónde necesita estar y por qué, en ese momento, no puedes irte. Tal vez sí seas la indicada. Tal vez ese clic sea para ti… o tal vez no. Pero si no es tiempo de partir, no lo fuerces.
Los clics del alma se reconocen desde adentro. Esa intuición es solo tuya. Nadie más la posee. Así que baila al compás del universo y vive ese clic del alma en el presente: no en el pasado, no en el futuro, no en lo que te digan ni en lo que no te digan.
Solo tú y tu corazón saben más que los demás.
Y como dice Susanna Tamaro: avanza “A donde el corazón te lleve”.










