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Columna de opinión: “El subsuelo de roca caliza, un peligro al acecho”, por Dr. Óscar J. Comas

El Dr. Oscar J. Comas Rodríguez advierte sobre la vulnerabilidad del subsuelo de calcita en la Península de Yucatán

La roca caliza que encontramos en Cancún está formada por un mineral de carbonato de calcio denominado calcita. Tiene un origen en las barreras de arrecifes en la costa del Caribe mexicano. Es una roca muy abundante en la corteza terrestre y se puede encontrar de forma masiva, compacta hasta en formas lenticulares, menos compacta y con cierto grado de porosidad. Está ligada a la historia de las civilizaciones antiguas y a las evidencias arquitectónicas que resistieron el paso del tiempo; menos conocida es la caliza litográfica utilizada como moldes con letras para las primeras imprentas.

Hace un poco más de 110 años, el mineralogista alemán Friedrich Mohs creó una escala de dureza para los minerales con base en su resistencia al rayado, usando 10 minerales, comenzando por el más blando (talco) y terminando por el más duro (diamante). La escala partía de una premisa muy simple: el mineral más duro raya al más blando. Los tres primeros lugares correspondieron al talco, yeso y calcita respectivamente y los tres últimos de dureza 8, 9 y 10 al topacio, corindón (rubí y zafiro) y diamante. La ubicación de la calcita en el lugar 3 de esta escala confirmó su importancia y utilidad como roca constructiva, fácil de manejar y resistente a la compactación.

Dicho lo anterior con respecto a su uso histórico, utilitario y sumamente diverso a lo largo de la humanidad gracias a su dureza, grado de compactación, fácil manejo y hasta en el inicio de los primeros libros, es muy importante señalar que un suelo calizo, con cierto grado de porosidad, además del origen arrecifal —no absolutamente masivo—, con el correr del tiempo puede evidenciar efectos por la carga suprayacente tales como: hundimientos y asentamientos diferenciales debido al peso de estructuras que soporta, apareciendo grietas y hundimientos en carreteras, avenidas y edificios; la porosidad de un subsuelo calizo puede permitir la infiltración de agua y causar problemas de humedad y filtraciones en las estructuras. Finalmente, la porosidad del subsuelo lo hace más contaminable; el agua subterránea en contacto con los materiales constructivos y sustancias asociadas que se degradan de manera físico-química pierde pureza y debilita sus posibilidades de desarrollo, crecimiento y diversidad de la fauna y flora subterránea.

Los efectos a largo plazo de la caliza arrecifal de la Península de Yucatán, que combina un subsuelo calizo, aguas subterráneas y desarrollo urbano, representan un foco de atención. Imaginemos el proceso de crecimiento urbano como un tren con muchos vagones, que van desde las estructuras edilicias, los servicios, los medios de acceso, el transporte, la carga demográfica, las facilidades de acceso, los mobiliarios, el asentamiento de grandes proveedores (supermercados), escuelas, oficinas, etc., etc.; y todos ellos sumados, además de la carga humana, generando una huella que altera y contamina tanto el aire como el suelo.

Ese largo tren de desarrollo urbano necesita de pasajeros especializados capaces de hacer un plan estratégico y una investigación exhaustiva de las condiciones del subsuelo, evaluar riesgos, analizar el impacto de la huella humana, así como establecer condiciones y características que acoten y regulen el tipo de desarrollo urbano. El punto es analizar con profundidad y conciencia el ahora para consolidar un futuro sostenible.

Dr. Oscar J. Comas Rodríguez

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