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Claudia Sheinbaum garantiza el abasto de agua en el Valle de México frente a la agudización de la sequía en el norte

Mientras la recuperación del Sistema Cutzamala estabiliza la zona metropolitana, la franja fronteriza enfrenta niveles críticos de estrés hídrico y sequía excepcional al cierre de febrero de 2026.

Por Agenda QR.- La gestión del agua en México para enfrentar la sequía se ha convertido en un ejercicio de contrastes geográficos y climáticos extremos. Durante su reciente conferencia matutina, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, aseguró que el Valle de México cuenta actualmente con una disponibilidad de agua suficiente para cubrir la demanda de la zona metropolitana. Esta estabilidad, según la mandataria, es producto de la recuperación de las presas tras las lluvias del ciclo anterior, un alivio necesario tras años de una crisis que puso al sistema hídrico de la capital al borde del colapso.

Sin embargo, la seguridad hídrica del centro del país no es un fenómeno nacional. El reporte oficial al cierre de febrero de 2026 revela una realidad dispar: mientras el corazón de la República respira, la franja fronteriza del norte se sumerge en una sequía que escala de moderada a excepcional, evidenciando los retos de una infraestructura hídrica que lucha contra patrones climáticos cada vez más erráticos.

Estabilización y resiliencia del Sistema Cutzamala

El Sistema Cutzamala, una de las obras de ingeniería hidráulica más complejas del mundo que abastece a Michoacán, el Estado de México y la Ciudad de México, ha logrado salir de su zona de mayor vulnerabilidad. Sheinbaum recordó que en el pasado reciente los niveles de almacenamiento cayeron hasta una quinta parte de su capacidad habitual, lo que obligó a una reducción del 25% en el suministro hacia el Valle de México.

La mandataria enfatizó que las acciones de mitigación implementadas durante su gestión en la jefatura de Gobierno y continuadas por Martí Batres, sumadas a una temporada de lluvias favorable el año pasado, han permitido que el suministro para la zona metropolitana esté garantizado. No obstante, esta recuperación es vista por expertos como una tregua temporal en un contexto de estrés hídrico estructural de largo plazo.

El foco rojo en la franja fronteriza norte

En marcado contraste con la situación del centro, los estados del norte enfrentan un deterioro persistente. Baja California, Sonora, Chihuahua y Coahuila han sido identificados por el Ejecutivo federal como las entidades más afectadas por la falta de precipitaciones. Los datos técnicos confirman esta tendencia: al cierre de febrero de 2026, el porcentaje del territorio nacional afectado por sequía de moderada a excepcional (niveles D1 a D4) se situó en un 7.4%, lo que representa un incremento de 0.5 puntos porcentuales respecto a la quincena anterior.

A pesar del ingreso de tres frentes fríos y canales de baja presión que trajeron humedad al centro y oriente del país, el norte ha quedado fuera de estas áreas de beneficio. La región hidrológica del Río Bravo se mantiene como el epicentro de la crisis, donde la sequía severa (D2) abarca ya el 14.3% del área, la sequía extrema (D3) el 3.7% y la sequía excepcional (D4) el 0.7%, todas ellas mostrando incrementos porcentuales respecto al reporte previo.

Implicaciones del reporte de sequía de febrero

El incremento del área afectada por la sequía a nivel nacional, que pasó del 6.9% al 7.4% en solo dos semanas, sugiere que los eventos meteorológicos invernales, como los frentes fríos y eventos de norte, no están siendo suficientes para revertir el déficit hídrico en las cuencas más críticas del país. La persistencia de las condiciones D3 y D4 en la frontera norte no solo compromete el consumo humano, sino que impone una presión adicional sobre las actividades agrícolas y los tratados internacionales de agua.

La administración federal ha señalado que, si bien el Valle de México goza de una estabilidad inmediata, la política hídrica nacional debe priorizar la inversión en tecnificación y recuperación de mantos acuíferos en las regiones donde la lluvia ya no es una fuente confiable de abastecimiento.

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