París, Londres y Berlín abandonan la distancia inicial y coordinan acciones defensivas con Estados Unidos e Israel ante la escalada bélica en el Golfo Pérsico
Por Agenda QR.– El escenario geopolítico en Oriente Próximo ha experimentado una transformación radical en las últimas horas. Francia, Reino Unido y Alemania, las tres principales potencias europeas (E3), han confirmado su adhesión a la ofensiva liderada por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní. A través de un comunicado conjunto, los mandatarios Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz aseguraron que adoptarán “todos los pasos necesarios” para proteger sus intereses y los de sus aliados regionales. Este movimiento representa un viraje significativo respecto a la posición de neutralidad y diplomacia que el bloque europeo había intentado sostener desde el inicio de las hostilidades el pasado fin de semana.
El fin de la neutralidad estratégica del E3
La decisión de París, Londres y Berlín responde a lo que califican como ataques “indiscriminados y desproporcionados” por parte de Teherán contra las naciones del Golfo. El comunicado conjunto subraya que las acciones de la República Islámica ponen en peligro tanto al personal militar como a los civiles europeos en la región. Aunque inicialmente las potencias del E3 se distanciaron de la retórica de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, la realidad de los bombardeos iraníes en zonas de alta densidad civil en el Golfo ha forzado una reevaluación de sus políticas de defensa.
El canciller alemán, Friedrich Merz, quien tiene previsto reunirse con Trump en Washington el próximo martes, ha sido el líder más vocal en respaldar la necesidad de una postura unificada. Merz señaló que Irán ha rechazado sistemáticamente cualquier acuerdo fiable que limite su programa nuclear o sus actividades desestabilizadoras, justificando así la necesidad de una intervención que neutralice la capacidad de lanzamiento de misiles y drones en su origen.
El papel operativo del Reino Unido y la base de Chipre
Dentro de esta nueva coalición, el Reino Unido ha asumido un rol logístico fundamental. El primer ministro Keir Starmer confirmó que Londres ha accedido a la petición de Washington para utilizar sus bases militares, específicamente en Chipre, para lanzar ataques de carácter “defensivo”. A pesar de este apoyo, Starmer ha sido enfático en que su país no participará en acciones de invasión u ofensivas terrestres, citando las “lecciones aprendidas de Irak” como un freno a una implicación militar total.
La situación en Chipre es tensa tras reportes de ataques con drones contra las instalaciones británicas. Aunque el gobierno de Nicosia ha intentado rebajar la alarma pública negando amenazas directas a la soberanía chipriota, la presencia de activos de la Real Fuerza Aérea (RAF) operando en misiones de interceptación posiciona a la isla como un nodo crítico en el conflicto.
Una fractura profunda en la Unión Europea
La intervención militar en Irán ha expuesto una fragmentación sin precedentes dentro de la Unión Europea. Mientras el E3 se alinea con la estrategia anglo-estadounidense, otros Estados miembros mantienen una postura de rechazo absoluto. La jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, tras una reunión de emergencia de los ministros de Asuntos Exteriores que terminó sin consenso, hizo un llamado a la “máxima contención”. La falta de una declaración unánime de los Veintisiete evidencia la pérdida de relevancia de Bruselas como mediador en el conflicto actual.
En este contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha centrado sus esfuerzos en la seguridad energética, manteniendo conversaciones constantes con los líderes de Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. El interés estratégico de Europa está intrínsecamente ligado a la estabilidad del Estrecho de Ormuz, cuya interrupción podría desencadenar consecuencias económicas imprevisibles para el continente.
El aislamiento diplomático de España y Pedro Sánchez
En el extremo opuesto del espectro político europeo se encuentra España. El presidente Pedro Sánchez ha reiterado su rechazo a lo que denomina una “acción militar unilateral” de Estados Unidos e Israel. Sánchez, quien ya se encontraba en una posición delicada tras su decisión de no cumplir con el compromiso del 5% de gasto militar en la OTAN, queda nuevamente excluido del núcleo duro de toma de decisiones en Europa.
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, defendió que la intervención carece de encaje en el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Este aislamiento de España se suma a su exclusión de recientes reuniones clave sobre la seguridad de Ucrania y competitividad europea, subrayando una tendencia de distanciamiento entre Madrid y las principales capitales que hoy dictan el ritmo de la respuesta militar en Oriente Próximo.









