La inversión en México enfrenta retos por la revisión del T-MEC y la cautela empresarial. Especialistas prevén un crecimiento moderado de 1.2%.
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Durante gran parte de 2025, los especialistas del sector privado mantuvieron una postura contundente sobre la economía nacional. La mayoría coincidió en que no era un momento propicio para inyectar capital en los mercados locales. Una encuesta realizada por el Banco de México reveló que el 70% de los analistas veía un entorno desfavorable. Aunque al cierre del año la negatividad disminuyó al 48%, el sentimiento predominante no es de optimismo, sino de duda. Las empresas prefieren observar el panorama antes de comprometer recursos financieros en proyectos de largo aliento. La inversión en México enfrenta un periodo de estancamiento derivado de la cautela extrema de los directivos.
Cautela empresarial ante la falta de señales claras
La percepción de que es un buen momento para invertir tocó mínimos históricos recientemente. En diciembre pasado, el indicador no registró ninguna respuesta positiva y en enero apenas alcanzó el 3%. Esta tendencia de desconfianza inició a finales de 2024 y se mantiene como una constante en el sector productivo. Más del 55% de los especialistas prevé que la situación económica permanecerá sin cambios durante el próximo semestre. La expectativa descarta un desplome total, pero tampoco visualiza una recuperación vigorosa en el corto plazo para la inversión en México. El clima de negocios se encuentra en una fase de espera por señales de certidumbre legal.
El Plan México y los retos de ejecución gubernamental
El gobierno federal presenta un contraste optimista con un portafolio superior a los 400,000 millones de dólares. Estos proyectos forman parte del Plan México diseñado para el sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, el gran reto radica en convertir esas intenciones en decisiones ejecutadas y capital real fluyendo. La Secretaría de Economía tiene como prioridad acelerar estos procesos para respaldar el crecimiento del Producto Interno Bruto. El interés de los inversionistas extranjeros persiste, pero la ejecución depende de factores que brinden seguridad jurídica a los capitales. La infraestructura y la energía son sectores críticos que requieren atención inmediata para destrabar la cartera de proyectos.
El T-MEC como punto de inflexión para la inversión en México
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, prevista para julio, genera una gran expectativa. El sector privado considera que este evento será decisivo para definir el futuro de la integración comercial norteamericana. Fitch Ratings y Moody’s sugieren que la expansión económica para 2026 será moderada, con un estimado de apenas 1.2%. Además del tratado, persisten preocupaciones internas por reformas judiciales y laborales que podrían incrementar los costos operativos. El 72% de las empresas considera prioritario fortalecer el Estado de derecho para recuperar la confianza perdida. Sin un marco legal sólido, las ventajas competitivas del país no logran detonar un ciclo de crecimiento sostenido.
Nearshoring y la brecha de infraestructura regional
México se beneficia del fenómeno del nearshoring, pero esta ventaja aún no genera un ciclo sólido de reinversión doméstica. Aunque la inversión extranjera directa alcanzó niveles récord en 2025, la inversión pública experimentó un desplome del 26%. Esta desconexión impide que el capital externo se traduzca en mejores servicios de logística, energía y transporte regional. El IMCO destaca que ninguna región del país ofrece condiciones óptimas para retener el capital de forma duradera. La inseguridad y la informalidad siguen siendo obstáculos severos, especialmente en las zonas del sur y sureste mexicano. Superar estos desafíos estructurales es vital para que la nación alcance su potencial como potencia manufacturera global.
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