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Columna de Opinión: Educación y Paz, por el Dr. Óscar J. Comas

Los acontecimientos recientes en la Asamblea General de la ONU, durante la conmemoración de sus 80 años, muestran un panorama preocupante. Los discursos de algunos líderes provocaron sorpresa, alarma y rechazo, evidenciando que dogmas políticos y religiosos a veces prevalecen sobre la búsqueda de la paz. Esto contrasta con los ideales fundacionales de la ONU:

“Nosotros, el pueblo de las Naciones Unidas, estamos decididos a salvar a las futuras generaciones del flagelo de la guerra…”

Tras ochenta años, nos preguntamos: ¿cómo es posible que algunos discursos políticos inciten más a la guerra que a la reconciliación? ¿Dónde ha quedado el diálogo, la crítica constructiva y la tolerancia? ¿Cómo han sido debilitados los valores promovidos por la educación democrática y el pensamiento pacifista?

Autores como J.H. Pestalozzi, M. Montessori, B. Russell, J. Dewey y Jacques Attali han sostenido a lo largo de los años que la educación es un instrumento fundamental para fomentar, desarrollar y fortalecer la paz entre individuos, credos y naciones. Además, contribuye a consolidar los pilares esenciales del mundo occidental: el derecho civil, el respeto a las leyes internacionales, la tolerancia y la democracia.

El filósofo y pedagogo estadounidense John Dewey (1859-1952) revolucionó el concepto de educación al proponer una escuela activa y democrática basada en el paradigma del “aprender haciendo”. Para Dewey, el aprendizaje debía estar en contacto con el mundo real, desarrollando un pensamiento crítico y reflexivo. La democracia, según él, no solo era un modelo de acción política, sino un principio que debía permear cada aspecto de la sociedad, incluida la escuela.

Dewey amplió las ideas de Johan Heinrich Pestalozzi (1746-1827), quien afirmaba que la facultad cognitiva y el pensamiento no podían separarse de la justicia. Por su parte, María Montessori (1870-1952) enfatizaba que educar para la paz implicaba fortalecer la antítesis del militarismo y promover el valor de la no violencia.

Bertrand Russell (1870-1970), reconocido filósofo y activista pacifista, fue encarcelado por su oposición a la Primera Guerra Mundial y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1950. Russell destacaba la responsabilidad de la sociedad y de la educación en la construcción de un pensamiento crítico, la formación de individuos libres y comprometidos con el reconocimiento de las diferencias. Criticaba la educación tradicional por no fomentar la creatividad, la conciliación ni la libertad, valores esenciales para la paz.

El ensayista Jacques Attali, en su libro “Conocimiento o Barbarie: Historia y Futuro de la Educación”, advierte que sin una educación crítica de altísimo nivel, capaz de comprometer a los seres humanos con la paz, nuestra especie podría enfrentarse a su propia destrucción.

El mundo contemporáneo enfrenta un entramado complejo de agresión, donde la tecnología, los avances científicos y las estrategias políticas se combinan para generar conflictos de alto impacto, sin importar edades, géneros o número de víctimas. Este “campo de batalla hiperconectado” afecta los niveles cognitivo, psicológico, social, económico y político, tanto local como globalmente. Frente a esta realidad, la educación para la paz se convierte en una necesidad urgente.

El silencio y la omisión de las instituciones educativas frente a estos hechos no deben interpretarse como indiferencia. La tolerancia no es solo un lema escolar; es un compromiso activo que debe defenderse en todos los espacios: individuales, familiares, comunitarios y nacionales.

En suma, la educación no solo forma individuos, sino que moldea sociedades capaces de dialogar, respetar diferencias y construir la paz. Recuperar los valores promovidos por Dewey, Montessori y Russell es un desafío urgente para que la humanidad no sucumba a la violencia y reafirme la tolerancia, la democracia y la justicia como pilares de convivencia global.

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