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En las concurridas aisles del supermercado Soriana en la avenida La Luna, Cancún, un consumidor se enfrentó a una frustrante experiencia que expone una preocupante práctica comercial: promociones que parecen irresistibles, pero que, al llegar a la caja, se transforman en una trampa para el bolsillo. El caso, que ha generado indignación entre quienes buscan precios justos, pone en el foco las responsabilidades de las grandes cadenas comerciales hacia los consumidores, especialmente en un contexto económico donde cada peso cuenta.
Un cliente, al intentar adquirir una botella de aceite Nutrioli de 400 ml, se topó con una etiqueta amarilla que anunciaba una “oferta” irresistible: un descuento de $26.00 MXN a $19.90 MXN. Confiado en el ahorro, seleccionó el producto y se dirigió a la caja, solo para descubrir que el precio cobrado era el original, $26.00 MXN. La explicación de la cajera fue clara, pero profundamente problemática: la promoción, según una diminuta letra en la etiqueta, había vencido el 15 de febrero de 2025. Sin embargo, esa fecha, casi invisible para el ojo humano, estaba oculta en un texto tan pequeño que parecía diseñada para pasar desapercibida.
Este incidente no es solo un inconveniente aislado, sino un síntoma de una práctica que podría violar los derechos del consumidor en México. La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) establece que las promociones deben ser claras, veraces y accesibles, y que los precios exhibidos deben respetarse en la caja, salvo excepciones debidamente comunicadas. Mantener una etiqueta de oferta visible, pero con una fecha de vencimiento ilegible, levanta sospechas de una estrategia comercial que confunde intencionalmente a los compradores, aprovechándose de su buena fe.
La experiencia de este consumidor en Soriana no es un caso único. En redes sociales y foros locales, se han reportado quejas similares sobre promociones engañosas, precios que cambian en la caja y falta de transparencia en las grandes cadenas. Este episodio en Cancún resalta la necesidad urgente de una supervisión más estricta y de campañas de educación para empoderar a los consumidores, quienes merecen confianza y claridad al realizar sus compras.
Soriana, como parte de una de las cadenas comerciales más grandes del país, tiene la responsabilidad de garantizar que sus prácticas sean éticas y cumplan con la ley. Si bien no se ha recibido una respuesta oficial del supermercado sobre este caso específico, la comunidad espera una rectificación y medidas para evitar que estas situaciones se repitan. Mientras tanto, los consumidores quedan en alerta, cuestionando si las “ofertas” en los estantes son realmente lo que parecen o simplemente un espejismo diseñado para captar su atención.
Este caso no solo afecta a un individuo, sino que pone en jaque la confianza en el comercio minorista. Es hora de que las autoridades y las empresas trabajen juntas para proteger a los ciudadanos, especialmente en un contexto donde el poder adquisitivo sigue siendo un desafío para millones. La pregunta queda en el aire: ¿hasta cuándo las promociones engañosas seguirán siendo toleradas?









