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La ocupación de banquetas en El Crucero de Cancún, un desafío para la movilidad y el comercio

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Las festividades de fin de año han traído consigo un auge de comerciantes y ambulantes en la zona de El Crucero en Cancún, lo que ha generado un conflicto significativo entre la necesidad de los negocios y la movilidad de los peatones. Según Jesús Alberto Ayuso Magaña, director de Comercio y Servicios en la Vía Pública del Ayuntamiento de Benito Juárez, aunque los 69 locatarios del mercado El Parián están autorizados para exhibir su mercancía, muchos de los más de cien comerciantes ambulantes que han invadido las banquetas no cuentan con los permisos necesarios.

La situación es alarmante. Los comerciantes han utilizado toldos y mesas para establecer sus puntos de venta a lo largo de la avenida José López Portillo, desde el parque de El Crucero hasta la avenida Torcasita. Esto ha creado “túneles” que obstaculizan el libre tránsito de los peatones, quienes deben sortear el congestionamiento para avanzar. Entre los productos que se ofrecen se encuentran ventiladores, ropa, estufas y zapatos, lo que indica una clara intención de aprovechar la alta demanda en esta temporada.

A pesar de los operativos de vigilancia implementados por la dirección general de Seguridad Pública, la invasión de las banquetas persiste. En julio, las autoridades municipales reportaron un récord de decomisos en áreas críticas, pero esto no ha detenido el flujo de vendedores ambulantes. La creciente congestión se ve agravada por la instalación de más de 20 puestos de comida para trabajadores de la construcción en la avenida López Portillo, lo que aumenta aún más la dificultad para los transeúntes.

Ayuso Magaña ha enfatizado la importancia de regular estas actividades comerciales, argumentando que aunque las ventas tienden a aumentar durante las festividades, es fundamental mantener el orden en las vías públicas. La falta de permisos por parte de muchos comerciantes subraya un problema más profundo de regulación y control en el comercio informal, que se ve reflejado en la imagen de la ciudad y en la experiencia de los ciudadanos.

El dilema que enfrentan tanto las autoridades como los comerciantes es claro: encontrar un equilibrio entre el fomento de la economía local y la garantía de espacios públicos accesibles y seguros. A medida que se acercan las festividades, la presión para resolver esta situación se intensifica, dejando a la comunidad con la esperanza de que se implementen medidas efectivas que permitan disfrutar de la temporada sin sacrificar la movilidad.

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